1984 (George Orwell)

1984 (George Orwell)

Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro, imagina una bota aplastando un rostro humano incesantemente

Como siempre, si vas a leer el libro, no te leas este artículo. La edición que he leido esta vez, tenía una larga introducción de la historia personal de Orwell, critica literaria de sus obras y análisis de temas de 1984. Tampoco la leas si te la encuentras. Primero lee el libro y luego todo lo demás. A ver que pasa.

Y si ya lo has leido, probablemente tampoco te interese mi opinión al respecto. En cualquier caso, ahí va.

Tengo una habitación 101. Tengo muchas. Sospecho que todos las tenemos.

Arrancarme un pelo de la nariz? fff, pasable. Uno de la oreja!? iiissssssssh.

Algo en un momento determinado nos puede hacer sacrificar cualquier cosa. Espero no encontrármelo por el camino. Recuerdo la primera vez que tuve la certeza de la maleabilidad de la voluntad: en “La chaqueta metálica” (Stanley Kubrick, 1987). La posibilidad de que uno pueda degenerar  hasta convertirse en espectador indiferente o actor activo de los peores comportamientos posibles, incluso partiendo de posturas éticas o morales bastante fuertes. Y digo posibilidad, no certeza. La certeza la tendrá uno solo cuando se enfrente a situaciones que le exijan a uno “estar a la altura”. En ese momento es cuando se puede afirmar si se tiene la entereza suficiente o no. Afirmarlo antes, es inútil. Durante la película, la moral de los personajes se va deteriorando hasta llegar a ser capaces de cualquier cosa.

Es vano presumir de integridad antes de confrontarnos a nuestra “habitación 101” o sumergirnos durante tiempo en un ambiente degradante. Aunque tal vez sea una gimnasia reafirmante de la voluntad y la integridad. “Yo no lo haría, yo no lo haré, yo no soy capaz, yo no soy así”. ¿Se lo acabará creyendo uno? De natural vago, no me ejercito mucho en esa tarea.

Descensos a los infiernos hay muchos en literatura y cine.

Lo político y lo social. A primera vista 1984 se me antoja parodia/esperpento del régimien stalinista. Y uno se puede quedar en ese ataque histórico al regimen soviético stalinista o seguir haciendo lecturas.

El título es casual: acabada en 1948, Orwell le dió la vuelta a unidades y decenas para situarla en el futuro. El título inicial del  tenía dice más sobre la novela “El último hombre de Europa”. Se critica a los regímenes totalitarios, al poder por el poder, a la manipulación de la información.

Leer este libro estos días en los que se debate qué epíteto utilizar  para comunicar “correctamente” el restate a los votantes españoles da vertigo y asquea. Aun sabiendo que no hay manos invisibles o minver’s o policías del pensamiento, se hace claro que sí que hay un amplio sector que funciona como miembros exteriores del partido. No pensar mucho y seguir la doctrina del partido. Así nos va.

Para los que ahora se quejan de esta crisis cruel, de que los de arriba nos engañan, son injustos, distantes del pueblo y aprovechados: ahora nos está tocando (entre otros) al estado español. Pero hace mucho (desde siempre?) estas situaciones de pobreza, injusticia y muerte desesperada ocurren en el globo. Nos jode ahora que nos toca, pero llevamos tiempo siendo bobos de mono azul, personajes grises, verdugos de otros. Especialmente dedicado a los idiotas, en el sentido griego del término:

Idiota es una palabra derivada del griego ἰδιώτης, idiōtēs, de ἴδιος, idios (privado, uno mismo). Empezó usándose para un ciudadano privado y egoísta que no se preocupaba de los asuntos públicos. En latín, la palabra idiota (una persona normal y corriente) precedió al término del latín tardío que significa «persona sin educación» o «ignorante». Su significado y la forma moderna data de alrededor del año 1300, del francés antiguo idiote (sin educación o persona ignorante).

Me gusta pensar que Marx y Engels lo usaron con ese sentido en El Manifiesto del Partido Comunista y no como un mero insulto o desprecio al campesinado:

… and has thus rescued a considerable part of the population from the idiocy of rural life

Y Hal Draper en su traducción comentada Annotated Manifest of the Communist Party así lo sugiere (extracto en Google Books)

Saber que Orwell estuvo el la guerra civil española y que eso le marcó mucho, le ubica a uno. Fué perdedor por partida doble. Estaba del lado de la república, pero integrado en el POUM, que junto con otros grupos (CNT, anarquistas y trotskistas catalanes) fué reprimido por las autoridades socialistas/comunistas de la República en aras del bien común en los “Hechos de Barcelona” (aka Jornadas de Mayo de 1937, Sucesos de Barcelona). Con la iglesia hemos topao: el fin justifica los medios y conviene formar un bloque fuerte (¿?) común contra el bando nacionalista. Estos anarquistas/marxistas sobran.

If you tolerate this your children will be next

If you tolerate this your children will be next

Me viene a la cabeza “If you tolerate this your children will be next” de Manic Street Preachers. El cartel se puede ver en la colección online “Los carteles de la guerra civil española” del Centro Documental de Memoria Histórica (aka Archivo General de la Guerra Civil Española, Salamanca) junto con otros 2.280 carteles de la guerra civil española. También se puede encontrar en la exposición online de carteles del bando republicano “The Visual Front. Posters of the Spanish Civil War from USCD Southworth Collection“, de la Universidad de California San Diego. Otros fondos con el cartel: Imperial War Museums (Reino Unido), Library of Congress (EE. UU.),

Me intento imaginar el efecto que causarían en la población de Inglaterra y otros paises en los que estos carteles sirvieron para que mucha gente se implicara en la guerra civil. Orwell era de los que no profesaba fé política ni disciplina de partido. Era (segun parece) un tío con principios y valores. También intento imaginar las sensaciones que tuvo al llegar a una tierra en estado de guerra pero con la ilusión de crear un mundo mejor. Parece que no pudo olvidar los episodios de terror, los de estupidez, pero tampoco los de altruismo y humanidad que vivió en España. ¿Cómo olerá ese preciso instante en el que un pueblo cree que la meta de justicia y libertad es alcanzable? Debe ser inolvidable.

Siendo testigo de estos episodios, y viendo como era contada la guerra por ambos bandos dentro y fuera de España, desarrolló una crítica dura al periodismo que se dejaba guiar por intereses y faltaba a la verdad. De ahí a inventar el pasado y controlar el presente y el futuro. Ahora que, por cierto, nos cambian a algunos periodistas de la parrilla de Radio Nacional de España: Juan Ramón Lucas (En días como hoy), Toni Garrido (Asuntos propios), Ana Pastor (Los desayunos de TVE) y Javier Gallego “crudo” (Carne cruda). O seguir (pero poco) la cobertura periodística de la campaña de las elecciones norteamericanas.

Quién controla el pasado controla el futuro: quién controla el presente controla el pasado

Neolengua. La intención de la neolengua es tremendo: limitar la capacidad de pensamiento de las personas. Limitando las palabras que existen, se limita la capacidad de expresar. Incluso se eliminan posibilidades de pensar sobre cosas para las que no hay palabras. Suena espantoso. Pero fijándose bien alrededor el concepto no es algo a nuestra sociedad: ya tenemos acuñados términos para denunciar este tipo de usos como “políticamente correcto”, “discurso/pensamiento único”.

Pero la realidad supera la ficción. Para el pensamiento crítico y la conciencia no es necesario el lenguaje, que es solo una herramienta. La condición necesaria y suficiente es el pensamiento y las ideas. El drama en que vivimos es que se manipula y se limita el pensamiento a un conjunto reducido de posibilidades. Desde la escuela: menos filantropía y más utilitarismo. En el diccionario tenemos palabras como albedrío y libertad, pero en general estamos lejos de practicarlos. A mi me bastan los ejemplos que he vivido de la burbujas .com y la inmobiliaria.

Y cuando uno encuentra excepciones notables (Albert Casals y sus viajes, el biciclown y sus viajes, …) se le queda a uno una sensación agridulce: envidia por lo que nunca se hará y esperanza al cotemplar personasl capaces de salirse del molde.

Y vete a saber por qué yo asocio el viaje aventurero a salirse del molde, a la libertad.